
Ti, ti, ti, ti, sonó el despertador. Lucy se incorporó para apagarlo. Eran las siete de la mañana, y Lucy solo quería hacer una sola cosa, continuar leyendo su libro. Entonces, encendió la luz, cogió el libro, y abrió la página por la cual, se había quedado:
-Saliendo del cole, Samanta, se paro para hablar con unas amigas, o bueno eso era lo que se podía decir, quiero aclarar que sus relaciones no eran muy buenas.
-¡He, Vosotras! ¡Parad un momento!- Sobresalto hablando Samanta.
-Si me estáis mandando estas cartas os exijo que paréis inmediatamente.- Continuó hablando ésta.
-Definitivo, esta chica cada día está más loca.- Dijo, la líder del grupo.
Samanta volvía a estar como antes, sin una respuesta. Fue entonces cuando notó un golpe en la cabeza. Se dio la vuelta y en el suelo encontró una carta más. Sin perder un solo minuto, la abrió: Querida persona. Has ganado, se lo que te he incordiado la cabeza con estas cartas, pero ésta, es la última. Esto no era un juego, era una sorpresa. Lo que yo buscaba en cada carta, era simplemente sonrisas. Algún día lo entenderás y quizás caigas en la cuenta de quién soy yo, pero mientras tanto: S.onrisa. Final.
Lucy bajó las escaleras para desayunar con su familia, puesto que su libro ya había terminado.

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